Antonio Rull

Un buen Product Manager es caótico

El "caos" es percibido como negativo. Desorden y confusión es una de sus definiciones. La otra es la interesante: comportamiento errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos.
Jeff Goldblum en Jurassic Park

Dentro de un coche autónomo atravesando una parte del bosque de la Isla Nublar, el doctor Ian Malcolm explica a la doctora Ellie Sattler la teoría del caos:

«Se trata de la imprevisibilidad en sistemas complejos»

Ante una explicación tan vaga, un par de gotas de agua cayendo en la mano de la doctora explican mejor el concepto: una va hacia el pulgar y la otra cambia de trayectoria.

Esta es la clase de caos a la que se enfrenta cada día un Product Manager y cualquier empresa de producto. Obviamente no me refiero a la segunda definición de la RAE: «Confusión, desorden», aunque a ese reto también se enfrentan muchos equipos de Producto.

El caos es también lo que provoca que los roadmaps con fechas y entregas no funcionen. En el Cuaderno de Producto compartí hace poco una mejor propuesta: trabaja con una carta de navegación, no con un roadmap. Construir productos se parece más a navegar por el mar que a conducir por una carretera. Sabemos el destino, pero las condiciones del viaje y el camino cambian sin previo aviso. El concepto «North Star« no existe por casualidad (traducido: «Estrella polar», la que ha guiado a las embarcaciones durante siglos).

Un producto digital es cambiante e iterativo por definición, nunca está terminado y está bien que así sea porque las condiciones alrededor de un producto (los usuarios, el mercado, la competencia…) llevan cambiando toda la historia de la humanidad.

La idea de Cristóbal Colón como un Product Manager del siglo XV

Volvamos al ejemplo de la carta de navegación. Asumamos que Cristóbal Colón fue Product Manager en el siglo XV. De tener un roadmap y unos OKR muy definidos, su misión era la de encontrar una nueva ruta a las Indias, y eso debería ser lo que le entregara a los Reyes Católicos. Esa misión cambia radicalmente cuando llega a tierras americanas de casualidad. La historia cuenta que le cuesta tres viajes asumir que adonde había llegado no era a las Indias, y que en lugar de especias había oro y plata, lo cual era muchísimo mejor para él y para los Reyes Católicos (no tanto para los indígenas…).

De vuelta en el siglo XXI, asimilar el caos de esta manera es, para mí, la mejor forma de lidiar con los cambios en la misión de un Product Manager. De hecho, gracias al caos somos quienes somos y vivimos donde vivimos. No hay nada más natural y habitual que el caos. Por el contrario, al igual que pasó en Jurassic Park, una falsa ilusión de control total te puede llevar al fracaso más absoluto. Abracémoslo porque es la manera en que la naturaleza prospera y avanza.

Este caos hace obvio que un roadmap no deba tener fechas ni estimaciones. También ayuda a no distraerse con funcionalidades muy concretas que construir dejando de mirar el largo plazo o esa estrella polar. Con el caos podemos gestionar mejor las expectativas de todos, equipo, stakeholders, usuarios y clientes, para seguir centrados en el destino y no en el camino. Lo que hoy sirve quizá no sirva dentro de seis meses, pero hoy no sabemos si nos servirá o no en seis meses. Hoy sabemos que nos sirve hoy. Y esto está bien.

La cultura de la empresa también puede ser caótica

Personalmente creo que este caos debe aplicar también a la cultura de una empresa. Al contrario del concepto «cultural-fit» que tanto se ve y que suele formar parte de las entrevistas de trabajo, yo apuesto más por el «culture-addition», donde todas las personas que forman parte de una empresa caracterizan la cultura de esa empresa. Es una mejor manera de mantener un buen ambiente de trabajo sin la necesidad de prohibir hablar de política o desincentivar la formación de comités de empresa. Una empresa y su forma de trabajar no es igual con cinco que con cien trabajadores; la cultura no tiene por qué ser la misma. Ni mejor ni peor, simplemente diferente porque las condiciones cambian.